Volcán de Pacaya
Esta maravilla de la naturaleza se ha mantenido activa desde hace muchos años. Causante de catástrofes naturales y creadora de otras maravillas naturales, producto de su incesante actividad, el Volcán de Pacaya tiene una imponente presencia en el paisaje costero del país. A pesar de su fuerza destructiva, este es uno de los parajes más visitados de Guatemala, brindando espectaculares erupciones y haciendo temblar de vez en cuando, el suelo de este bello territorio tropical.
Descubra más de la belleza de esta Maravilla Guatemalteca... >>
Este volcán se localiza a 40 kilómetros al sur de la ciudad de Guatemala, entre los departamentos de Guatemala y Escuintla, y está en plena actividad, por lo que con frecuencia se pueden contemplar sus erupciones, que deben verse en el contexto de los 324 focos eruptivos que existen en Guatemala. La primera erupción importante del Pacaya, en la época colonial, data de 1565, y fue acompañada por diversos terremotos. En 1651 hubo lanzamiento de cenizas, acompañado de retumbos y temblores, mientras que en 1664 el Volcán entró en erupción y produjo un resplandor que iluminó la ciudad de Santiago, entonces capital del Reino de Guatemala. Y así, se van sucediendo las fechas de actividades más importantes, entre las cuales cabe recordar el lanzamiento de cenizas ocurrido en 1775, que oscureció durante varios días la citada ciudad; el activamiento del cono de la cúspide, ocurrido en 1846; la actividad fumarólica que duró varios meses y que ocurrió a finales de 1917 e inicios de 1918, en coincidencia con los terremotos que destruyeron la capital de Guatemala; la fuerte erupción sucedida en 1961; los importantes fenómenos de enero de 1967, cuando la lava se desbordó por el lado sur poniente, produciendo serios perjuicios; la erupción de 1990, que duró varias horas; la erupción del 11 de noviembre de 1996, que se prolongó durante 9 horas; la de mayo de 1998, que duró cinco horas y que dio lugar a una columna de ceniza que cayó sobre la ciudad capital de Guatemala; la fuerte explosión sucedida en junio de 1998; la erupción de enero de 2000, de considerable intensidad; la de febrero de 2000, que duró tres horas y media.
El Volcán lo forman varias cúspides, complejas en su estructura, y cuenta con dos conos cuya existencia se remonta a mucho tiempo atrás, y otro cuya actividad se inició en 1966 .y que lleva el nombre de Cono Mackenney, en homenaje al destacado explorador Alfred Mackenney, a quien se debe mucho en el estudio geológico y geofísico de Guatemala. En el sector noroeste del conjunto se supone que hubo en tiempo remoto una o varias explosiones que dieron lugar a la formación de cráteres; en uno de ellos se ubica San Vicente Pacaya, y en otro, la bella Laguna de Calderas. También el Lago de Amatitlán proviene de fenómenos tectónicos provocados por el mencionado volcán, que –por cierto- cuenta con depósitos minerales importantes.
El conjunto montañoso donde se inserta el Volcán constituye un conjunto complejo con numerosas fracturas y fallas. Es frecuente encontrar huellas de lava reciente, y más de una vez cada año se puede contemplar la lava que desciende del volcán, lo cual constituye un espectáculo por demás impresionante. En verdad, es poco frecuente en el mundo entero encontrar un volcán que se encuentre en actividad prácticamente permanente, como es el caso del Volcán de Pacaya, lo cual lo convierte en un factor turístico de alta categoría. Más aún, si considerémosla sugestiva cercanía de otros volcanes, la vecindad del Lago de Amatitlán, la proximidad de las llanuras del sur de Guatemala y la corta distancia a que se encuentra el Océano Pacífico.
El Volcán de Pacaya forma parte fundamental en el panorama geofísico guatemalteco, y es un elemento de gran belleza. Se puede contemplar desde numerosos lugares del país, y en cada uno de ellos ofrece perspectivas distintas. La ruta más aconsejable para visitarlo consiste en utilizar la carretera CA-9, que se desplaza con rumbo sur, y, en el kilómetro 37, virar con rumbo al municipio de San Vicente Pacaya, de donde parte un camino de terracería. Más allá de San Vicente se llega a la aldea San Francisco de Sales, donde se acostumbra dejar los vehículos. El ascenso consume una hora y cuarenta y cinco minutos, aproximadamente, y el descenso, una hora. Al subir se pueden tomar dos caminos. Uno consiste en una vereda que asciende por el rumbo sur, con una extensión aproximada de 2 kilómetros hasta la meseta, de donde hay 1 kilómetro hasta la cúspide. Esta ruta se llama “Del Rancho de Pedro”. La otra ruta, llamada “Del Cerro Chino”, consume un tiempo similar a la anterior.
El doctor Mackenney ha ascendido 1,000 veces la cumbre de este volcán, entre 1965 y 2004. En este año, al cumplir esa cantidad de ascensos, gozó de la compañía de su familia, numerosos amigos, miembros del Club Andino Guatemalteco y de otras instituciones. El doctor Mackenney ha sido testigo del surgimiento de varias formaciones rocosas, una de ellas el pico que, según hemos dicho, lleva su nombre.
El Volcán de Pacaya se integra en un macizo de carácter volcánico que abarca tres cerros. El primero, llamado Hoja de Queso, tiene una altura de 2,090 m., el segundo, conocido como Cerro de Agua, tiene una altura de 2,560 m., el tercero, identificado como Cerro Chiquito, alcanza 2,420 m. Por otra parte, el Volcán es un componente más de una enorme caldera volcánica. La constante actividad volcánica ha hecho que la forma del cono se modifique, de lo cual ha sido testigo cualquier habitante de la ciudad de Guatemala que tenga ahora mediana edad.
Desde la cumbre del Volcán se aprecia el ya mencionado Cerro de Agua; si las condiciones meteorológicas lo permiten, se contemplan asimismo los volcanes de Agua, Acatenango y Fuego, situados al poniente del altiplano central de Guatemala. Ciertamente, el área del Volcán y sus cercanías forma un conjunto de gran hermosura y de enorme riqueza natural, en la cual el Volcán de Pacaya se une a bosques, lagunas, lagos, llanuras y otros componentes; está rodeado por áreas verdes, en las cuales los turistas pueden acampar o descansar. Pero, con el desmesurado crecimiento de la ciudad de Guatemala, poco a poco el Volcán se está integrando en el área superpoblada de los sectores aledaños de la capital.
El Volcán de Pacaya y el macizo del cual forma parte desempeñan una importante función en el contexto ambiental de Guatemala. En efecto, sirven como moderador del régimen de vientos y lluvias provenientes del Océano Pacífico, y como muralla contra los vientos del Norte, impidiendo que lleguen con fuerza a las llanuras del Sur de la república, sobre todo en los meses en que la temperatura del valle de la ciudad de Guatemala desciende hasta una mínima de 10 u 8 grados centígrados, es decir, entre diciembre y febrero de cada año. De esa manera, la temperatura de aquellas llanuras no pierde en esa época su temple caluroso y, al mismo tiempo, los vientos norte no perjudican el desempeño de la agricultura propia de aquella región, una de las más ricas del país.
Sin duda, contemplar el Volcán de Pacaya constituye un espectáculo por demás hermoso, sea durante los días despejados, sea cuando está en erupción y se contempla el espectáculo magnificente producido por los materiales que expele y que rompen, con su resplandor, la negrura de la noche. Puede ser que para un habitante de las cercanías del Volcán este espectáculo carezca a veces de belleza, lo cual puede deberse a los daños que las erupciones producen; pero sin duda, para un visitante del extranjero o para un guatemalteco que habita en otras zonas del país, aquella contemplación deja una huella imperecedera.
Así lo pueden atestiguar, también, los marineros que navegan por el Pacífico… Y es que, luego de que el Volcán Izalco, en la República de El Salvador, dejó de ser un foco incesante de erupciones, el Volcán de Pacaya y el Volcán Santiaguito, situado en Quetzaltenango, adquirieron la categoría de “Faro del Pacífico”, nombre que se otorgaba al citado volcán salvadoreño.
El Volcán lo forman varias cúspides, complejas en su estructura, y cuenta con dos conos cuya existencia se remonta a mucho tiempo atrás, y otro cuya actividad se inició en 1966 .y que lleva el nombre de Cono Mackenney, en homenaje al destacado explorador Alfred Mackenney, a quien se debe mucho en el estudio geológico y geofísico de Guatemala. En el sector noroeste del conjunto se supone que hubo en tiempo remoto una o varias explosiones que dieron lugar a la formación de cráteres; en uno de ellos se ubica San Vicente Pacaya, y en otro, la bella Laguna de Calderas. También el Lago de Amatitlán proviene de fenómenos tectónicos provocados por el mencionado volcán, que –por cierto- cuenta con depósitos minerales importantes.
El conjunto montañoso donde se inserta el Volcán constituye un conjunto complejo con numerosas fracturas y fallas. Es frecuente encontrar huellas de lava reciente, y más de una vez cada año se puede contemplar la lava que desciende del volcán, lo cual constituye un espectáculo por demás impresionante. En verdad, es poco frecuente en el mundo entero encontrar un volcán que se encuentre en actividad prácticamente permanente, como es el caso del Volcán de Pacaya, lo cual lo convierte en un factor turístico de alta categoría. Más aún, si considerémosla sugestiva cercanía de otros volcanes, la vecindad del Lago de Amatitlán, la proximidad de las llanuras del sur de Guatemala y la corta distancia a que se encuentra el Océano Pacífico.
El Volcán de Pacaya forma parte fundamental en el panorama geofísico guatemalteco, y es un elemento de gran belleza. Se puede contemplar desde numerosos lugares del país, y en cada uno de ellos ofrece perspectivas distintas. La ruta más aconsejable para visitarlo consiste en utilizar la carretera CA-9, que se desplaza con rumbo sur, y, en el kilómetro 37, virar con rumbo al municipio de San Vicente Pacaya, de donde parte un camino de terracería. Más allá de San Vicente se llega a la aldea San Francisco de Sales, donde se acostumbra dejar los vehículos. El ascenso consume una hora y cuarenta y cinco minutos, aproximadamente, y el descenso, una hora. Al subir se pueden tomar dos caminos. Uno consiste en una vereda que asciende por el rumbo sur, con una extensión aproximada de 2 kilómetros hasta la meseta, de donde hay 1 kilómetro hasta la cúspide. Esta ruta se llama “Del Rancho de Pedro”. La otra ruta, llamada “Del Cerro Chino”, consume un tiempo similar a la anterior.
El doctor Mackenney ha ascendido 1,000 veces la cumbre de este volcán, entre 1965 y 2004. En este año, al cumplir esa cantidad de ascensos, gozó de la compañía de su familia, numerosos amigos, miembros del Club Andino Guatemalteco y de otras instituciones. El doctor Mackenney ha sido testigo del surgimiento de varias formaciones rocosas, una de ellas el pico que, según hemos dicho, lleva su nombre.
El Volcán de Pacaya se integra en un macizo de carácter volcánico que abarca tres cerros. El primero, llamado Hoja de Queso, tiene una altura de 2,090 m., el segundo, conocido como Cerro de Agua, tiene una altura de 2,560 m., el tercero, identificado como Cerro Chiquito, alcanza 2,420 m. Por otra parte, el Volcán es un componente más de una enorme caldera volcánica. La constante actividad volcánica ha hecho que la forma del cono se modifique, de lo cual ha sido testigo cualquier habitante de la ciudad de Guatemala que tenga ahora mediana edad.
Desde la cumbre del Volcán se aprecia el ya mencionado Cerro de Agua; si las condiciones meteorológicas lo permiten, se contemplan asimismo los volcanes de Agua, Acatenango y Fuego, situados al poniente del altiplano central de Guatemala. Ciertamente, el área del Volcán y sus cercanías forma un conjunto de gran hermosura y de enorme riqueza natural, en la cual el Volcán de Pacaya se une a bosques, lagunas, lagos, llanuras y otros componentes; está rodeado por áreas verdes, en las cuales los turistas pueden acampar o descansar. Pero, con el desmesurado crecimiento de la ciudad de Guatemala, poco a poco el Volcán se está integrando en el área superpoblada de los sectores aledaños de la capital.
El Volcán de Pacaya y el macizo del cual forma parte desempeñan una importante función en el contexto ambiental de Guatemala. En efecto, sirven como moderador del régimen de vientos y lluvias provenientes del Océano Pacífico, y como muralla contra los vientos del Norte, impidiendo que lleguen con fuerza a las llanuras del Sur de la república, sobre todo en los meses en que la temperatura del valle de la ciudad de Guatemala desciende hasta una mínima de 10 u 8 grados centígrados, es decir, entre diciembre y febrero de cada año. De esa manera, la temperatura de aquellas llanuras no pierde en esa época su temple caluroso y, al mismo tiempo, los vientos norte no perjudican el desempeño de la agricultura propia de aquella región, una de las más ricas del país.
Sin duda, contemplar el Volcán de Pacaya constituye un espectáculo por demás hermoso, sea durante los días despejados, sea cuando está en erupción y se contempla el espectáculo magnificente producido por los materiales que expele y que rompen, con su resplandor, la negrura de la noche. Puede ser que para un habitante de las cercanías del Volcán este espectáculo carezca a veces de belleza, lo cual puede deberse a los daños que las erupciones producen; pero sin duda, para un visitante del extranjero o para un guatemalteco que habita en otras zonas del país, aquella contemplación deja una huella imperecedera.
Así lo pueden atestiguar, también, los marineros que navegan por el Pacífico… Y es que, luego de que el Volcán Izalco, en la República de El Salvador, dejó de ser un foco incesante de erupciones, el Volcán de Pacaya y el Volcán Santiaguito, situado en Quetzaltenango, adquirieron la categoría de “Faro del Pacífico”, nombre que se otorgaba al citado volcán salvadoreño.
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