Conjunto Monumental de la Plaza y Templo Católico de Ciudad Vieja
Situada bajo las faldas del majestuoso Volcán de Agua, Ciudad Vieja, es un monumento viviente de la historia de la Ciudad de Guatemala, pues fue el segundo asentamiento de dicha ciudad en el año de 1527. Es importante mencionar que su Catedral fue la primera edificada en Guatemala, y es un icono del barroco guatemalteco llevado a sus extremos.
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Ciudad Vieja es un municipio perteneciente al departamento de Sacatepéquez, se localiza en el Valle de Almolonga, y en aquel se asentó la capital del Reino de Guatemala a partir de 1527, cuando fue trasladada desde Iximché, donde permaneció por breve tiempo. El traslado fue encabezado por Jorge Alvarado, hermano del conquistador de Guatemala, a causa de una rebelión de indígenas kaqchiqueles, y originalmente el Valle de Almolonga se llamaba Quinicilapán. La fundación de esta segunda capital del reino ocurrió el 22 de noviembre de 1527, fiesta de Santa Cecilia, y la ciudad se puso bajo la protección de Santiago Apóstol.
Los terrenos de este municipio se localizan en las faldas del majestuoso Volcán de Agua, llamado Hunahpú, por los nativos de la región. Tiene una extensión de 51 kilómetros cuadrados, y la cabecera se encuentra a una altura de 1,550 metros sobre el nivel del mar; dista 48 kilómetros de la ciudad capital de Guatemala, y 5 de Antigua Guatemala. Conviene añadir que el volcán y las llanuras cercanas han sido declaradas áreas protegidas.
El municipio está bañado por el Río Guacalate, uno de los más importantes del país, que desemboca en el Océano Pacífico, y en cuya corriente desemboca como afluente el célebre Río Pensativo que es, cada año, motivo de inundaciones en el Valle de Panchoy. Pero también, y con mayor razón por su caudal, el Guacalate experimenta terribles crecidas que afectan, a veces seriamente, a Ciudad Vieja, como ocurrió, por ejemplo, con ocasión de la tormenta tropical Stan.
Pero fue otro accidente geográfico, el Volcán Hunahpú, el causante de la destrucción de la ciudad, ya que en la noche del 10 al 11 de septiembre de 1541, descendió del cono una terrible avalancha de lodo, agua, piedras, plantas y troncos, que sepultó la urbe, lo cual obligó a trasladarla al Valle de Panchoy, donde permaneció hasta los terremotos de Santa Marta, ocurridos el 29 de julio de 1776.
Durante siglos, se creyó que debajo de la llamada Ciudad Vieja estaba sepultada la antigua capital del Reino, pero en la década de 1950 el notable arqueólogo Janos de Szecsy, a quien mucho debe Guatemala por sus sobresaliente indagaciones, comenzó a excavar en la cabecera municipal de Ciudad Vieja, y definió que la circunscripción topográfica de la ciudad de Santiago incluía, efectivamente, a Ciudad Vieja, pero como un barrio asignado a pobladores indígenas. Los trabajos de este arqueólogo quedaron truncados por su trágica muerte, ocurrida en un accidente de aviación ocurrido en el norte de la República de Guatemala. No fue hasta 1983 que el arqueólogo Miguel Valencia dio continuidad a aquella tarea, centrando su atención en la aldea San Miguel Escobar, en donde de Szecsy creía que se encontraba el centro de la ciudad. Efectivamente, Valencia precisó que el centro mencionado yace debajo del actual templo de San Miguel Escobar. Ambos investigadores abrieron la puerta para encontrar vestigios de tumbas, conventos, casas de habitación y edificios públicos del siglo XVI. Es en San Miguel Escobar donde, casi con toda certeza, el obispo Francisco Marroquín construyó el primer templo dedicado al apóstol Santiago.
El templo principal de Ciudad Vieja es considerado por muchas personas como la catedral de la antigua urbe, pero eso no es así, por cuanto esta iglesia se edificó entre los siglos XVI y XVIII, mientras que el templo de San Miguel Escobar pertenece a comienzos del siglo XIX. El templo parroquial posee una fachada realizada en distintos planos, lo cual parece inspirado en la Iglesia de la Virgen de la Soledad, situada en Oaxaca, México. Se aprecian en la fachada dos recios campanarios en forma de torre; por otra parte, hay en ella hermosas pilastras abalaustradas serlianas, las cuales no aparecen en la mencionada iglesia mexicana, en la cual tampoco se ha empleado el estuco, que abunda en la de Ciudad Vieja, al igual que en muchos templos guatemaltecos.
La única puerta con que cuenta la fachada está enmarcada por cuatro nichos, en los cuales hay imágenes religiosas. En otros nichos se encuentran las imágenes de los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, ricamente ornamentados, mientras que en cuatro hornacinas aparecen los demás arcángeles, acompañados de sus símbolos; esos arcángeles son Uriel, Jehudiel, Seatiel y Baraquiel. Otro cuerpo de la fachada, en el cual figuran ocho pilastras, tiene a su lado unos nichos con las imágenes de los santos Francisco y Domingo.
La imagen patronal de la Virgen de Concepción se aprecia acompañada de San Joaquín y Santa Ana, padres de María según las Sagradas Escrituras, y de inmediato hay un letrero en relieve que ha movido por mucho tiempo a confusión, pues afirma que “Esta es la primera catedral de Guatemala fundada en 1534”. El recargamiento ornamental de la fachada y otras características del interior del templo sirven de base para considerar a este templo como una de las muestras más importantes del barroco guatemalteco llevado a sus extremos, bajo la mano maestra de Diego de Porres, arquitecto mayor del Reino.
Estos breves apuntes sobre la citada iglesia asumen especial importancia dada la urgencia de que se preste atención prioritaria a la reconstrucción y mantenimiento de la misma, así como de la casa parroquial, que fue, en antiguos tiempos, sede de un convento franciscano. En realidad, esta afirmación nos sitúa ante un hecho fundamental en la vida de Guatemala, por cuanto son un gran número los edificios de todo tipo que están urgidos de una dedicación sostenida y sustancial tendente a rehabilitarlos en la medida de lo posible. Desde luego, para ello hace falta unir esfuerzos públicos y privados, así como recurrir a la cooperación internacional. Un punto fundamental consiste en que estas labores deben obedecer a un plan orgánico, para evitar la dispersión de esfuerzos y la carencia de prioridades acordes con el valor e importancia histórica y artística de cada lugar.
En verdad, Guatemala cuenta en todo su territorio con obras precolombinas, coloniales y de la época independiente dignas de ser puestas en valor. Así lo revelan las investigaciones que se han estado haciendo desde la segunda mitad del siglo XX y, que prometen revelar realizaciones artísticas que enriquecerán el patrimonio nacional.
Los terrenos de este municipio se localizan en las faldas del majestuoso Volcán de Agua, llamado Hunahpú, por los nativos de la región. Tiene una extensión de 51 kilómetros cuadrados, y la cabecera se encuentra a una altura de 1,550 metros sobre el nivel del mar; dista 48 kilómetros de la ciudad capital de Guatemala, y 5 de Antigua Guatemala. Conviene añadir que el volcán y las llanuras cercanas han sido declaradas áreas protegidas.
El municipio está bañado por el Río Guacalate, uno de los más importantes del país, que desemboca en el Océano Pacífico, y en cuya corriente desemboca como afluente el célebre Río Pensativo que es, cada año, motivo de inundaciones en el Valle de Panchoy. Pero también, y con mayor razón por su caudal, el Guacalate experimenta terribles crecidas que afectan, a veces seriamente, a Ciudad Vieja, como ocurrió, por ejemplo, con ocasión de la tormenta tropical Stan.
Pero fue otro accidente geográfico, el Volcán Hunahpú, el causante de la destrucción de la ciudad, ya que en la noche del 10 al 11 de septiembre de 1541, descendió del cono una terrible avalancha de lodo, agua, piedras, plantas y troncos, que sepultó la urbe, lo cual obligó a trasladarla al Valle de Panchoy, donde permaneció hasta los terremotos de Santa Marta, ocurridos el 29 de julio de 1776.
Durante siglos, se creyó que debajo de la llamada Ciudad Vieja estaba sepultada la antigua capital del Reino, pero en la década de 1950 el notable arqueólogo Janos de Szecsy, a quien mucho debe Guatemala por sus sobresaliente indagaciones, comenzó a excavar en la cabecera municipal de Ciudad Vieja, y definió que la circunscripción topográfica de la ciudad de Santiago incluía, efectivamente, a Ciudad Vieja, pero como un barrio asignado a pobladores indígenas. Los trabajos de este arqueólogo quedaron truncados por su trágica muerte, ocurrida en un accidente de aviación ocurrido en el norte de la República de Guatemala. No fue hasta 1983 que el arqueólogo Miguel Valencia dio continuidad a aquella tarea, centrando su atención en la aldea San Miguel Escobar, en donde de Szecsy creía que se encontraba el centro de la ciudad. Efectivamente, Valencia precisó que el centro mencionado yace debajo del actual templo de San Miguel Escobar. Ambos investigadores abrieron la puerta para encontrar vestigios de tumbas, conventos, casas de habitación y edificios públicos del siglo XVI. Es en San Miguel Escobar donde, casi con toda certeza, el obispo Francisco Marroquín construyó el primer templo dedicado al apóstol Santiago.
El templo principal de Ciudad Vieja es considerado por muchas personas como la catedral de la antigua urbe, pero eso no es así, por cuanto esta iglesia se edificó entre los siglos XVI y XVIII, mientras que el templo de San Miguel Escobar pertenece a comienzos del siglo XIX. El templo parroquial posee una fachada realizada en distintos planos, lo cual parece inspirado en la Iglesia de la Virgen de la Soledad, situada en Oaxaca, México. Se aprecian en la fachada dos recios campanarios en forma de torre; por otra parte, hay en ella hermosas pilastras abalaustradas serlianas, las cuales no aparecen en la mencionada iglesia mexicana, en la cual tampoco se ha empleado el estuco, que abunda en la de Ciudad Vieja, al igual que en muchos templos guatemaltecos.
La única puerta con que cuenta la fachada está enmarcada por cuatro nichos, en los cuales hay imágenes religiosas. En otros nichos se encuentran las imágenes de los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, ricamente ornamentados, mientras que en cuatro hornacinas aparecen los demás arcángeles, acompañados de sus símbolos; esos arcángeles son Uriel, Jehudiel, Seatiel y Baraquiel. Otro cuerpo de la fachada, en el cual figuran ocho pilastras, tiene a su lado unos nichos con las imágenes de los santos Francisco y Domingo.
La imagen patronal de la Virgen de Concepción se aprecia acompañada de San Joaquín y Santa Ana, padres de María según las Sagradas Escrituras, y de inmediato hay un letrero en relieve que ha movido por mucho tiempo a confusión, pues afirma que “Esta es la primera catedral de Guatemala fundada en 1534”. El recargamiento ornamental de la fachada y otras características del interior del templo sirven de base para considerar a este templo como una de las muestras más importantes del barroco guatemalteco llevado a sus extremos, bajo la mano maestra de Diego de Porres, arquitecto mayor del Reino.
Estos breves apuntes sobre la citada iglesia asumen especial importancia dada la urgencia de que se preste atención prioritaria a la reconstrucción y mantenimiento de la misma, así como de la casa parroquial, que fue, en antiguos tiempos, sede de un convento franciscano. En realidad, esta afirmación nos sitúa ante un hecho fundamental en la vida de Guatemala, por cuanto son un gran número los edificios de todo tipo que están urgidos de una dedicación sostenida y sustancial tendente a rehabilitarlos en la medida de lo posible. Desde luego, para ello hace falta unir esfuerzos públicos y privados, así como recurrir a la cooperación internacional. Un punto fundamental consiste en que estas labores deben obedecer a un plan orgánico, para evitar la dispersión de esfuerzos y la carencia de prioridades acordes con el valor e importancia histórica y artística de cada lugar.
En verdad, Guatemala cuenta en todo su territorio con obras precolombinas, coloniales y de la época independiente dignas de ser puestas en valor. Así lo revelan las investigaciones que se han estado haciendo desde la segunda mitad del siglo XX y, que prometen revelar realizaciones artísticas que enriquecerán el patrimonio nacional.
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