Lago de Atitlán
Citado por diversos autores, esta maravilla de la naturaleza ha inspirado a visitantes nacionales y extranjeros por su magia y singularidad. El lago de Atitlán es uno de los parajes turísticos más importantes y famosos del país, porque combina exuberancia natural y cultural. Rodeado de 12 pueblos con nombres de santos bíblicos, mixtura de la cosmovisión indígena y el sincretismo cultural de nuestro país.
Descubra más de la belleza de esta Maravilla Guatemalteca... >>
El Lago de Atitlán es, sin ninguna duda, uno de los lugares más hermosos del mundo:
Así lo han reconocido multitud de visitantes nacionales y extranjeros. Su hermosura ha inspirado a diversidad de artistas, que han plasmado las excelencias de este sitio sirviéndose de variados recursos estéticos. El famoso escritor inglés Aldous Huxley lo calificó como “El lago más hermoso del mundo” y sin duda constituye uno de los principales atractivos de Guatemala. Así, el notable prosista guatemalteco José Rodríguez Cerna, en su libro Tierra de Sol y de Montaña, expresa lo siguiente:
“De pronto, desde la altura en que el viento hace marea entre pajonales inclinados suavemente bajo la peinadora caricia, se ofrece entero el lago de Atitlán. De tan inesperada, la emoción casi suspende la vida, que se aglomera en los ojos, súbitamente refrescados en plata, o se azula con este zafiro en estuche de montañas y volcanes, que como trozos de epopeya guardan un madrigal.
El lago duerme, y los filos de las sierras y las broncas alturas en su alrededor, como en sueño de encantamiento. Cae sobre él un silencio vasto. El hechizo, que de tan múltiple es sencillo, se aspira hondamente, como unánime fragancia de las cosas, entre las cuales no se es únicamente testigo, sino elemento y actor.
Percíbense apenas rápidas arrugas de moaré, leves estremecimientos de escalofrío, tiritantes las aguas bajo su malla de sol. Milagro sobrenatural de azul, estaño y plata, sobre el cual se inclinan los cielos para verse mejor y hacerse más puros todavía.”
Con todo, la tranquilidad de que habla el célebre escritor se quiebra por la tarde, cuando un viento traicionero, llamado Xocomil, se abate sobre las aguas, poniendo en peligro a quienes se hayan atrevido a navegar, arriesgándose o ignorando el gran peligro a que se exponen. Este fenómeno lo provoca el choque entre los vientos cálidos del sur con el aire más frío proveniente del altiplano, y se manifiesta en remolinos que pueden dar lugar a olas de gran fuerza.
El lago se ubica a 1,560 m sobre el nivel del mar; su longitud se extiende a lo largo de 18 km y el diámetro alcanza 24 km. La superficie abarca 130 kilómetros cuadrados, lo cual lo convierte en el tercer lago de Guatemala en cuanto a extensión. Hay lugares cuya profundidad se desconoce, y los sondeos que se han efectuado revelan honduras superiores a los 350 metros. Carece de desagüe visible y en sus riberas se yerguen tres volcanes: Atitlán (3,537 m), Tolimán (3,158 m) y San Pedro (2,995 m). Dista de la ciudad de Guatemala 126 kilómetros.
Atitlán pertenece al departamento de Sololá, en la región suroccidental de Guatemala, una zona por demás importante desde el punto de vista agrícola y desde el punto de vista turístico. Fue constituido en departamento en 1825, y se integró al Estado de los Altos cuando este se independizó de la República de Guatemala. El territorio de Sololá aloja tres pueblos mayas: k´iche´, tz´utujil y kaqchikel y, justamente, uno de los libros de mayor valor en la cultura nativa es el Memorial de Sololá, también llamado Memorial de Tecpán Atitlán, Anales de los cakchiqueles o Anales de los Xahil, escrito por Francisco Hernández Arana y Francisco Díaz, a finales del siglo XVI y comienzos del XVII, y traducido por Adrián Recinos.
Atitlán pertenece a la zona occidental de Guatemala, una zona montañosa, de abundante población indígena que genera valiosas manifestaciones culturales. Los indígenas de las etnias ubicadas en esta zona provienen de migraciones originadas en Petén, cuando colapsaron las ciudades mayas situadas ahí.
En perspectiva económica, el Lago de Atitlán aparece como uno de los factores más sobresalientes de Sololá, tanto por la actividad turística en sí como por el intenso comercio que se desarrolla en las cercanías de esta maravilla natural. Debe destacarse la rica presencia artesanal, manifestada en güipiles, cortes, morrales, petates, candelas, muebles de madera, productos de cuero, entre otros rubros.
El origen del Lago ha generado dos hipótesis: la primera lo considera como un cráter antiguo, y la segunda propone que proviene de la interrupción del flujo de tres ríos, que vieron interrumpido su desarrollo por el nacimiento de los volcanes cercanos al lago.
Para arribar al Lago por tierra, proviniendo de la ciudad de Guatemala o de poblaciones del altiplano central, se dispone de dos rutas. Una consiste en enfilar por la Carretera Interamericana hasta el desvío hacia la cabecera departamental de Sololá y llegar a Panajachel; la otra consiste en tomar la carretera que, por el sector sur de la República, llega hasta la población de Cocales, de donde parte una carretera que arriba a los poblados del sur del lago. Si se procede de poblaciones ubicadas en el altiplano occidental, por el rumbo de Quetzaltenango, Huehuetenango o San Marcos, hay que servirse también de la Interamericana.
Si se proviene de Quiché, Chichicastenango y poblados aledaños, se arribará también a Los Encuentros.
En las riberas del Lago se localizan varios poblados de especial interés por sus manifestaciones culturales o por su importancia paisajística. Un componente de alto valor es la pintura primitivista, que ha producido obras sumamente apreciadas, elaboradas por artistas de tanto prestigio como Juan Sisay. Desde hace varios decenios, este tipo de pintura ha tomado un gran incremento. Las aludidas poblaciones muestran alta densidad demográfica y viven sobre todo del trabajo agrícola, aunque, en el último cuarto de siglo, los ingresos por turismo han aumentado notablemente. En general, conservan sus rasgos de identidad cultural e idiomática.
Sin duda, la más visitada es Panajachel, que ha llegado a ser una de las mecas del turismo internacional, así como Santiago Atitlán, repleto de actividades religiosas, pictóricas y de algunas que mezclan religión, magia y tradiciones, como el culto a Maximón. Los antropólogos han descubierto que la ubicación de estos pueblos, así como sus nombres, obedecen a la cosmovisión maya. Están situados en los puntos cardinales, a partir de Santiago Atitlán, formando un círculo acorde con el calendario indígena, que distribuye el año en 18 meses de 20 días cada uno.
En el Lago de Atitlán existió una singular ave, el pato poc, que actualmente se encuentra extinguido. Su longitud iba de 46 a 50 cm, y no volaba. Su plumaje era de color marrón oscuro con manchas blancas, y se alimentaba principalmente de cangrejos. Al aumentar la pesca en el Lago, así como el turismo, aparte de otros fenómenos, fue extinguiéndose esta especie por cuya conservación lucharon sin éxito ecologistas de todo el mundo.
En la zona que bordea al Lago se encuentran bosques de pino, roble y coníferas, así como más de 798 especies de plantas diversas, 116 especies de reptiles y anfibios y 236 especies de pájaros. En cuanto a mamíferos, se han localizado 141 especies.
Pero, sin duda, a guatemaltecos y extranjeros nos impresiona sobre todo la belleza de este recinto natural dotado de singulares atractivos por la naturaleza. Un recinto en donde el espíritu puede reposar, los ojos pueden deleitarse y la mente enriquecerse con el conocimiento de expresiones culturales autóctonas. Atitlán, nombre cimero en la historia de Guatemala y del mundo, constituye un tesoro en donde se funden componentes tan variados como la geografía física, la tradición, las etnias mayas y la artesanía singular.
“De pronto, desde la altura en que el viento hace marea entre pajonales inclinados suavemente bajo la peinadora caricia, se ofrece entero el lago de Atitlán. De tan inesperada, la emoción casi suspende la vida, que se aglomera en los ojos, súbitamente refrescados en plata, o se azula con este zafiro en estuche de montañas y volcanes, que como trozos de epopeya guardan un madrigal.
El lago duerme, y los filos de las sierras y las broncas alturas en su alrededor, como en sueño de encantamiento. Cae sobre él un silencio vasto. El hechizo, que de tan múltiple es sencillo, se aspira hondamente, como unánime fragancia de las cosas, entre las cuales no se es únicamente testigo, sino elemento y actor.
Percíbense apenas rápidas arrugas de moaré, leves estremecimientos de escalofrío, tiritantes las aguas bajo su malla de sol. Milagro sobrenatural de azul, estaño y plata, sobre el cual se inclinan los cielos para verse mejor y hacerse más puros todavía.”
Con todo, la tranquilidad de que habla el célebre escritor se quiebra por la tarde, cuando un viento traicionero, llamado Xocomil, se abate sobre las aguas, poniendo en peligro a quienes se hayan atrevido a navegar, arriesgándose o ignorando el gran peligro a que se exponen. Este fenómeno lo provoca el choque entre los vientos cálidos del sur con el aire más frío proveniente del altiplano, y se manifiesta en remolinos que pueden dar lugar a olas de gran fuerza.
El lago se ubica a 1,560 m sobre el nivel del mar; su longitud se extiende a lo largo de 18 km y el diámetro alcanza 24 km. La superficie abarca 130 kilómetros cuadrados, lo cual lo convierte en el tercer lago de Guatemala en cuanto a extensión. Hay lugares cuya profundidad se desconoce, y los sondeos que se han efectuado revelan honduras superiores a los 350 metros. Carece de desagüe visible y en sus riberas se yerguen tres volcanes: Atitlán (3,537 m), Tolimán (3,158 m) y San Pedro (2,995 m). Dista de la ciudad de Guatemala 126 kilómetros.
Atitlán pertenece al departamento de Sololá, en la región suroccidental de Guatemala, una zona por demás importante desde el punto de vista agrícola y desde el punto de vista turístico. Fue constituido en departamento en 1825, y se integró al Estado de los Altos cuando este se independizó de la República de Guatemala. El territorio de Sololá aloja tres pueblos mayas: k´iche´, tz´utujil y kaqchikel y, justamente, uno de los libros de mayor valor en la cultura nativa es el Memorial de Sololá, también llamado Memorial de Tecpán Atitlán, Anales de los cakchiqueles o Anales de los Xahil, escrito por Francisco Hernández Arana y Francisco Díaz, a finales del siglo XVI y comienzos del XVII, y traducido por Adrián Recinos.
Atitlán pertenece a la zona occidental de Guatemala, una zona montañosa, de abundante población indígena que genera valiosas manifestaciones culturales. Los indígenas de las etnias ubicadas en esta zona provienen de migraciones originadas en Petén, cuando colapsaron las ciudades mayas situadas ahí.
En perspectiva económica, el Lago de Atitlán aparece como uno de los factores más sobresalientes de Sololá, tanto por la actividad turística en sí como por el intenso comercio que se desarrolla en las cercanías de esta maravilla natural. Debe destacarse la rica presencia artesanal, manifestada en güipiles, cortes, morrales, petates, candelas, muebles de madera, productos de cuero, entre otros rubros.
El origen del Lago ha generado dos hipótesis: la primera lo considera como un cráter antiguo, y la segunda propone que proviene de la interrupción del flujo de tres ríos, que vieron interrumpido su desarrollo por el nacimiento de los volcanes cercanos al lago.
Para arribar al Lago por tierra, proviniendo de la ciudad de Guatemala o de poblaciones del altiplano central, se dispone de dos rutas. Una consiste en enfilar por la Carretera Interamericana hasta el desvío hacia la cabecera departamental de Sololá y llegar a Panajachel; la otra consiste en tomar la carretera que, por el sector sur de la República, llega hasta la población de Cocales, de donde parte una carretera que arriba a los poblados del sur del lago. Si se procede de poblaciones ubicadas en el altiplano occidental, por el rumbo de Quetzaltenango, Huehuetenango o San Marcos, hay que servirse también de la Interamericana.
Si se proviene de Quiché, Chichicastenango y poblados aledaños, se arribará también a Los Encuentros.
En las riberas del Lago se localizan varios poblados de especial interés por sus manifestaciones culturales o por su importancia paisajística. Un componente de alto valor es la pintura primitivista, que ha producido obras sumamente apreciadas, elaboradas por artistas de tanto prestigio como Juan Sisay. Desde hace varios decenios, este tipo de pintura ha tomado un gran incremento. Las aludidas poblaciones muestran alta densidad demográfica y viven sobre todo del trabajo agrícola, aunque, en el último cuarto de siglo, los ingresos por turismo han aumentado notablemente. En general, conservan sus rasgos de identidad cultural e idiomática.
Sin duda, la más visitada es Panajachel, que ha llegado a ser una de las mecas del turismo internacional, así como Santiago Atitlán, repleto de actividades religiosas, pictóricas y de algunas que mezclan religión, magia y tradiciones, como el culto a Maximón. Los antropólogos han descubierto que la ubicación de estos pueblos, así como sus nombres, obedecen a la cosmovisión maya. Están situados en los puntos cardinales, a partir de Santiago Atitlán, formando un círculo acorde con el calendario indígena, que distribuye el año en 18 meses de 20 días cada uno.
En el Lago de Atitlán existió una singular ave, el pato poc, que actualmente se encuentra extinguido. Su longitud iba de 46 a 50 cm, y no volaba. Su plumaje era de color marrón oscuro con manchas blancas, y se alimentaba principalmente de cangrejos. Al aumentar la pesca en el Lago, así como el turismo, aparte de otros fenómenos, fue extinguiéndose esta especie por cuya conservación lucharon sin éxito ecologistas de todo el mundo.
En la zona que bordea al Lago se encuentran bosques de pino, roble y coníferas, así como más de 798 especies de plantas diversas, 116 especies de reptiles y anfibios y 236 especies de pájaros. En cuanto a mamíferos, se han localizado 141 especies.
Pero, sin duda, a guatemaltecos y extranjeros nos impresiona sobre todo la belleza de este recinto natural dotado de singulares atractivos por la naturaleza. Un recinto en donde el espíritu puede reposar, los ojos pueden deleitarse y la mente enriquecerse con el conocimiento de expresiones culturales autóctonas. Atitlán, nombre cimero en la historia de Guatemala y del mundo, constituye un tesoro en donde se funden componentes tan variados como la geografía física, la tradición, las etnias mayas y la artesanía singular.
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