
Iglesia San Agustín Acasaguastlán
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Datos de El Progreso
Cabecera: Guastatoya
Región: Oriente
Extensión Territorial:
1,922
Población: 139,490
Coordenadas:
Latitud: 14°56’37”
Longitud: 89°58’07”
Altitud: 290
Clima: Cálido
Idioma(s): Español |
Ubicada en una zona de abundante riqueza natural y suelos fértiles, La Iglesia de San Agustín Acasaguastlán es una obra maestra del estilo barroco guatemalteco. Esta edificación capta la atención de los viajeros desde puntos distantes por su característica blancura y porque además es un templo que aún recibe los fieles del Municipio de San Agustín Acasaguastlán y de otras áreas aledañas. Este templo religioso, es una prueba viviente de la historia cultural de nuestro país, por su edad y por que sin duda aún conserva los detalles arquitectónicos y artísticos de una época remota.
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La Iglesia de San Agustín Acasaguastlán –municipio conocido durante la Colonia como San Agustín de la Real Corona- constituye una obra maestra del barroco guatemalteco, el cual floreció espléndido en gran parte del territorio nacional, gracias a lo cual se cuenta con obras arquitectónicas y de otros géneros caracterizadas por la impronta de aquel movimiento estético enriquecido con los ingredientes indígenas y mestizos. Fue edificado en 1654, y reconstruido en los siglos XVII y XVIII, así como en el siglo XX, todo ello a causa de los sismos propios de la tierra chapina. En el interior del templo, se aloja el mayor tesoro con que este cuenta: un conjunto de imágenes deslumbrantes. Hay que indicar que la iglesia de San Agustín Acasaguastlán se halla en uso, y sirve como templo parroquial.
El templo tiene una planta rectangular, con una única nave cuya longitud alcanza 47 metros, mientras que su ancho es de 12 y su altura de 18; las paredes poseen un grosor que va de 1.80 a 1.50 metros, con una altura cercana a los 10. A la derecha de la iglesia aparece una edificación mucho más reducida en su tamaño y que se emplea como sacristía. Sin embargo, se considera que la estructura fue construida para que sirviera como capilla destinada a conservar y adorar el Santísimo Sacramento. La casa conventual se ubica a la izquierda del templo, en cuyo conjunto estructural se integra.
La fachada de la iglesia y los muros -todo ello de un color blanco deslumbrante- se observan desde las cercanías del poblado y son un motivo de curiosidad para cualquier persona sensible a las obras de arte. Para la construcción del templo se utilizaron como materiales la piedra, el ladrillo y la argamasa. Toda la iglesia está revestida de repello, pero la fachada contiene también estuco, utilizado para modelar cornisas, decoraciones y columnas. Aunque hoy el templo aparece todo con color blanco, no debe olvidarse que durante la Colonia se utilizaron colores fuertes, como el amarillo y el rojo, y efectivamente, hay vestigios de estos colores en los barandales del comulgatorio y en algunos componentes de la decoración interior de la cúpula.
Los muros del templo se hallan revestidos de estuco y repello y, como es frecuente en la arquitectura religiosa de la colonia hispanoamericana, la fachada contiene ingredientes renacentistas y barrocos. En su interior, se encuentran 7 retablos de gran calidad estética.
Esta estupenda obra de arte se inserta en el conjunto de manifestaciones culturales propias del oriente guatemalteco, una región por demás sugestiva, que posee acentuados rasgos que la diferencian del resto del país. Por ejemplo, las variantes dialécticas del español que se habla en esta región poseen numerosos arcaísmos, o sea palabras que, en el español general, han caído en desuso, pero que son comunes en esa zona. No debe olvidarse la variada naturaleza de esta región, caracterizada por montañas, cataratas, ríos y riachuelos, y una fauna y flora de gran variedad. Asimismo, el oriente guatemalteco cuenta con obras arquitectónicas coloniales de sumo valor, como la Basílica de Nuestro Señor Crucificado de Esquipulas o el templo parroquial de San Luis Jilotepeque. Ya en textos coloniales se registra esta riqueza estética, como sucede, por ejemplo, en la obra del fraile irlandés Thomas Gage y en el libro que recoge los datos obtenidos por el arzobispo Cortés y Larraz durante su visita pastoral, efectuada en la segunda mitad del siglo XVIII. Sin embargo, los valores artísticos del oriente chapín han sido un poco olvidados a partir de la proclamación de la Independencia Centroamericana, quizá porque han impresionado más las convulsiones político-militares ocurridas en esa zona o porque, en los destinos nacionales, han impactado grandemente las notables figuras intelectuales nacidas en esa zona geográfica.
Aparte de este tesoro estético, la ubicación geográfica de San Agustín Acasaguastlán puede brindar placeres ligados con la apreciación de la naturaleza propia de la Sierra de Las Minas, en donde el aire incontaminado, la floresta variada y el clima fresco brindan una estancia inolvidable. Junto al poblado se encuentra el río Hato, y también hay tres sitios arqueológicos. El poblado fue casi aniquilado por el terremoto de 1976, lo cual no debe extrañar, por cuanto está situado en la falla del Río Motagua. Cuenta también con un parque nacional, llamado El Reformador.
El municipio de San Agustín Acasaguastlán pertenece al departamento de El Progreso; tiene una extensión de 359 kilómetros cuadrados, y su nombre quiere decir “lugar de garzas”, pero se le conoce más como “la huerta de Guatemala”, a causa de la abundancia de productos agrícolas, como maíz, frijol, caña de azúcar, café y frutas diversas. Antiguamente, el nombre era Acatzaustlan, cabecera de la llamada Provincia de Chiquimula, que abarcaba los actuales departamentos de Izabal, Zacapa y Jalapa, y se encuentra a 275 metros sobre el nivel del mar; dista 96 kilómetros de la capital. Limita con los municipios de Morazán, El Progreso, El Jícaro y San Cristóbal Acasaguastlán, así como con el departamento de Zacapa.
En síntesis, esta cálida cabecera municipal figura, con justicia, en la geografía cultural guatemalteca y en los anales de Historia del Arte. Es una joya engarzada en la región oriental, una región de primera importancia en la vida nacional. Y cualquier esfuerzo por restaurar y mantener en digno decoro el templo parroquial de este poblado será pequeño, si se toma en cuenta la valía histórica y estética de este sacro recinto.